Plantillas de hama beads
Cada plantilla está dibujada aparte, no sacada de otra. La cuadrícula, el número de perlas y la lista de colores están en cada página.
Gato, perro, dinosaurio y más. Cada plantilla está dibujada aparte, con su propia lista de perlas.
Árboles y copos del tamaño de un colgante: lo bastante pequeños para hacer muchos en una tarde.
Flores y una mariposa, con colores que ya vienen en casi cualquier caja de iniciación.
Una calabaza tallada, dibujada para reconocerse también de lejos.
Un corazón con brillo, para que se lea como un objeto y no como una forma plana.
Huevos, pollitos y una liebre, del tamaño que cuelga de una ramita en un tarro: unas cuantas piezas son una tarde.
Corazones con algo más pasando —una carta, una flecha, dos corazones juntos— para cuando un corazón liso no es el regalo.
Árboles, hojas, el tiempo y las cosas de fuera de la ventana, en los verdes y marrones que trae cualquier caja grande.
Helado, fruta, tarta y una porción de pizza. Colores planos y bordes duros, justo lo que mejor se les da a las perlas.
Caritas pequeñas en cosas que no tienen cara. Formas simples, pocos colores, y las plantillas más rápidas de acabar de toda la galería.
Nieve, manoplas y bebidas calientes: motivos de frío que no son Navidad, en blancos, azules y grises.
Unicornios, dragones y castillos, inventados aquí y no tomados de nadie: paletas vivas y contornos marcados.
Peces, conchas y cosas que nadan, hechas con los turquesas y azules que sobran en la mayoría de las colecciones.
Cohetes, planetas y la luna. Fondos oscuros, lo que los convierte en los que más perlas negras se comen.
Coches, barcos y trenes vistos de lado, que es como más se reconoce un vehículo en veinte perlas de ancho.
Cuadrículas repetidas para posavasos y salvamanteles: sin motivo que reconocer, así que se ven bien a cualquier tamaño y encajan entre sí.
Todo aquí cabe en la placa pequeña 14×14, así que sale en unos 7 cm y se tarda veinte minutos en vez de una tarde.